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Cuento de la Tortuga

Cuento

La Tortuga

Hace algunos años, no muchos, porque ahora el tiempo mis queridos amigos, pasa de una forma veloz, nosotras, las tortugas de todo el mundo, vivíamos felices, casi os juraría que éramos muy, pero que muy felices.
Teníamos a disposición muchas playas y lugares del mundo, donde cada año sin ser molestadas, íbamos a depositar nuestras huevos, para asegurar nuestra continuidad, en este mundo, en el que todos los seres vivientes teníamos nuestro espacio… Pero este tiempo feliz, no tan lejano para las tortugas, termino, ¿Sabéis
porque?

Por el ser humano, que encontró los lugares donde ponemos los huevos, de los que nacen nuestras crías, descubrieron que eran comestibles y ni cortos ni perezosos, cada año, los desentierran de los lugares donde los depositamos, para hacer negocios con los mismos.
Como podéis imaginaros, estos negocios, merman nuestro futuro, al impedir que nazcan nuestros hijos, o si algunos nacen, ya lo hacen en cautividad.

No contentos con estas tropelías, los humanos, en su afán de dominar el mundo, han descubierto, una material que le llaman “plástico”, que si bien en un principio, fue un invento muy bien acogido, lo usaron de una forma desenfrenada y casi para todo, bolsas de la compra ( en esos lugares que ellos llaman “ tiendas “) y como envases de toda índole, a los humanos les gusta envasar cosas, a diferencia de nosotras las tortugas que comemos solamente lo que encontramos libre en los mares y las playas.
Después, los humanos se dieron cuenta que era un material no degradable, cuando los inmensos residuos de plástico en forma de botellas, de bolsas, de invernaderos, fueron a parar a nuestros mares y ríos, sin disolverse. Nos llenaron de plástico los lugares donde vivimos la mayor parte de nuestra existencia.

Los millones de bolsas flotando en los mares, nos confunden y nosotras nos las tragamos pensando que son medusas, que a vosotros tanto os molestan y que en parte nos deberíais agradecer que os liberemos; pero esas bolsas a nosotras, las tortugas y otros muchos seres marinos, nos lleva a la muerte, al no poder digerirlas.

Estimados seres humanos, os pedimos encarecidamente, que no tiréis mas plásticos a los ríos y a los mares, porque vosotros, habéis descubierto, que estáis también comiendo como nosotras, las tortugas, restos plásticos que los peces de los que os alimentáis, ingieren en cantidades cada vez mayores, debido a que los plásticos en los mares se descomponen en pequeñas partículas parecidas al plancton del que se alimentan.

Entonces para el propio bien, para vuestra salud y también para la nuestra, os pedimos que uséis, lo que supuestamente os hace diferentes del resto del mundo animal,” vuestra inteligencia”, para terminar con este estado de cosas que tanto nos afecta a todos. Si lo lográis, prometemos que seremos de nuevo todos felices, nosotras las tortugas y vosotros los seres humanos.

Por todo ello, he decidido escribiros apreciados seres humanos, un cuento en nombre de toda mi familia de tortugas, para recordaros vuestra responsabilidad, en lo que nos está pasando a todos. Como no tenemos buzones en el mar, os la mando en una botella de vidrio, (nosotras no usamos los plásticos). Espero que la encontréis, la leáis, y la hagáis llegar a los organismos competentes, para cambiar y mejorar nuestro mundo marino y de pasada también el vuestro. Siempre vuestra, la tortuga protestona…

Zurich 13 de noviembre de 2018. Escrito para leerlo en la Fiesta del 50 Aniversario del Ateneo de Zurich. Miguel Soto.

Cuento «La Sal»

Cuento

La Sal

Creo que en un pasaje de la Biblia, dice que los creyentes cristianos, son; “La Sal de la Tierra“. Eslogan muy repetido desde los pulpitos, en repetidos sermones y diversas publicaciones religiosas, para darle importancia a la creencia y militancia en una determinada religión o filosofía de la vida.
Pero La Sal, no sirve siempre para darle sabor a los alimentos, algunas veces, es para lo contrario, el exceso de sal, inutiliza los alimentos, hasta no poder comerlos y hasta dañarnos la salud. 

Se me ocurre una pequeña historia o cuento, como lo queráis interpretar. Existía un personaje, que llamaremos PASCUALIN, muy travieso él, se propuso demostrar que este condimento o especie, llamada Sal, no siempre es un ejemplo positivo.

Invito a unos amigos muy gorrones, que siempre iban buscando a ver quien les invitaba, aunque ellos nunca tenían tiempo para invitar a nadie.

Pascualin pensó; a estos les tengo que escarmentar de alguna forma. Les invito una vez más, a comer una pizza de espinacas recién recogidas de su huerto.

Preparo conscientemente las pasta, que serviría de base para las espinacas, las hirvió, e hizo una salsa de tomate con mucha sal, puso más sal que tomate, le añadió algo de queso y la puso al horno, así pensó, voy a enseñar a estos glotones un poco de civismo. Algunos de los comensales, eran grandes entendidos en gastronomía. Cuando saco la pizza del horno, tenía un maravilloso aspecto, el queso estaba bien derretido, olía a parmesano, un queso fuerte en olor y sabor. Uno de los más lanzados de sus invitados, se atrevió a decir, este aspecto de la pizza, nunca lo vi en ninguna pizzería, tiene que estar riquísima. 

Pascualin, se relamía de contento, al pensar, en la cara que pondrían sus gorrones invitados, cuando le hincaran el diente. Y así fue. Cada uno de ellos cogió un trozo de

pizza, buscando siempre el trozo más grande, pues no eran de los educados que se conformaban con el pequeño, querían, siguiendo con su ambición, el más grande. No os podéis imaginar mis queridas escribidoras y escribidores, la cara que pusieron todos y cada uno de ellos, al dar el primer bocado y empezar a saborear la pizza.Literalmente estaba incomible, solo sabia a sal, ¿ Cómo era posible?. Sabían que Pascualin era un buen cocinero. Se miraron unos a otros, con los ojos llenos de lágrimas, no daban crédito a los que sus papilas de gustativas notaban.

Por vergüenza no dijeron nada, algunos a duras penas comieron un par de trozos, pero empezaron uno a uno, a poner escusas de compromisos adquiridos, de indisposiciones, de dolor de barriga y se fueron levantando y desapareciendo de la mesa uno detrás de otro. Nunca más volvieron a aceptar un invitación de Pascualin, el cual, contento y Feliz, todavía se está riendo de los amigos gorrones.

Zurich agosto 2019.Miguel Soto